25 de septiembre de 2009

Supera predicciones el avance del cambio climático: PNUD

El ritmo y la escala del cambio climático podrían estar superando las predicciones más deliberadas del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Intergovernmental Panel of Climate Change (IPCC).

Un análisis de los últimos informes científicos indica que muchas de las predicciones en el extremo superior de los pronósticos del IPCC se vuelven cada vez más probables.

Mientras tanto, los recién publicados señalamientos científicos apuntan hacia ciertos eventos, que se cree ocurrieron en horizontes cronológicos de plazos mayores, como ocurre actualmente o que están pronosticados para ocurrir mucho antes de lo que se pensaba.

En Europa, incluyen la aceleración del derretimiento de los glaciares en los Alpes y los Pirineos, la diseminación norte de las condiciones áridas en el Mediterráneo y las plantas europeas moviéndose a altitudes mayores.

Los investigadores se preocupan cada vez más por la acidificación de los océanos vinculada con la absorción de dióxido de carbono en el agua de mar y el impacto en los crustáceos y arrecifes coralinos.

El agua puede corroer el aragonito, una sustancia que produce las conchas. Esto pasa actualmente a lo largo de la costa de California, varias décadas antes de lo que predijeron los modelos.

Las pérdidas de los glaciares, mantos de hielo y regiones polares están ocurriendo más rápido en Groenlandia, donde recientemente se ha registrado que el manto de hielo se derrite a tasas aproximadamente 60 por ciento más rápidas que en 1998.

Algunos científicos advierten que los niveles del mar podrían elevarse hasta dos metros para el año 2100 y de cinco a diez veces más durante las siguientes décadas.

También hay una preocupación creciente entre algunos científicos porque los umbrales o puntos de inflexión podrían alcanzarse en unas cuantas décadas, incluyendo cambios dramáticos al verano de monzón indio, los monzones del Sahara y África Occidental y los que afectan ecosistemas críticos como el bosque tropical lluvioso del Amazonas.

El informe también resalta la preocupación de los científicos sobre los impactos dañinos y tal vez irreversibles que experimenta el planeta como resultado de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Las pérdidas de bosques tropicales y glaciares montañosos templados probablemente afectan al 20 ó 25 por ciento de la población humana en términos de agua potable, irrigación y energía hidráulica.

Los cambios en el ciclo hidrológico resultan en la desaparición de los climas regionales con las pérdidas relacionadas de los ecosistemas, especies y la extensión de las tierras áridas en dirección norte y sur.

Estudios recientes sugieren que aún podría ser posible evitar los impactos más catastróficos del cambio climático, pero sólo si se actúa de forma inmediata, cohesiva y decisiva, para cortar emisiones y ayudar a los países vulnerables a adaptarse.

Estos son algunos hallazgos realizados en el informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), titulado “Compendio 2009 de la Ciencia del Cambio Climático”.

El informe, compilado en asociación con científicos de todo el mundo, se publica a tan sólo 80 días de que inicie la Cumbre de las Naciones Unidas sobre cambio climático, en Copenague, Dinamarca.

En el prólogo al documento, Ban Ki-moon, el Secretario General de las Naciones Unidas, quien esta semana fue el anfitrión de los jefes de estado reunidos en Nueva York, escribe, “Este Compendio sobre la Ciencia del Cambio Climático es una señal de alarma. El momento de dudar cesó”.

“El mundo tiene que darse cuenta que el momento para actuar es ahora y debemos trabajar juntos para resolver este desafío monumental. Este es el desafío moral de nuestra generación.”

El Compendio examina aproximadamente 400 importantes contribuciones científicas para nuestro entendimiento sobre los Sistemas de la Tierra y el cambio climático que han sido publicadas a través de bibliografía especializada examinada por colegas o proveniente de instituciones de investigación, durante los últimos tres años.

Las observaciones y desarrollos científicos documentados desde el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC en 2007 incluyen:


LATINOAMÉRICA

La potencial muerte regresiva de los bosques amazónicos dentro de los próximos 50 años es visto como un “punto de inflexión” potencial resultante de una subida en la temperatura promedio de superficie entre tres y cuatro grados centígrados.

Las tendencias actuales en emisiones de dióxido de carbono probablemente conlleven a un cambio irreversible en las condiciones al oriente de Sudamérica (principalmente el noreste de Brasil) hasta a un aumento del 10 por ciento en aridez durante la estación seca.

El análisis reciente de las imágenes fotográficas de los glaciares al noreste de la Patagonia ha revelado que retrocedieron drásticamente entre 1912 y 2002. El calentamiento y la aridez significativa de la región han sido vinculados con una reducción del flujo este de los Andes, lo cual señaliza impactos futuros significativos para la región, provenientes de tendencias continuadas de calentamiento.

Un nuevo análisis ha sugerido que aún en los escenarios con emisiones de gas de efecto invernadero relativamente bajos, las regiones incluyendo Centroamérica y los Andes probablemente experimentarán una rotación de especies (desapareciendo o colonizando) de más de 90 por ciento. Sugiere que el conjunto de plantas y animales en estas áreas no se parecerán mucho a las plantas de hoy.

Los bosques nubosos del flanco andino del Amazonas, entre 1500 m y 3000 m de elevación, podrían contarse entre los “climas que están desapareciendo” debido a la elevación de los niveles de las nubes con temperaturas más altas, lo cual amenaza un área de excepcionar biodiversidad. Las especies endémicas que se adaptaron a altitudes mayores serán especialmente vulnerables.

El compendio también documenta una cantidad de anomalías climáticas significativas recientes para Latinoamérica, incluyendo:

En abril de 2009, el nororiente de Brasil sufrió la precipitación pluvial más fuerte de los últimos 20 años, lo cual ocasionó inundaciones y deslizamientos de tierra que obligaron a más de 186 mil personas abandonar sus hogares.

Algunas regiones en Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile sufrieron su peor sequía en más de 50 años durante el año 2008. Ecuador sufrió su peor inundación en febrero de 2008. México sufrió su peor sequía en los últimos 50 años, durante 2009.

Los estados sureños de Brasil, especialmente Santa Catarina, sufrieron una precipitación pluvial excepcionalmente fuerte durante noviembre de 2008, y la misma afectó a aproximadamente 1.5 millones de personas.


GLOBAL:

El crecimiento en las emisiones de dióxido de carbono de la energía y la industria ha excedido hasta el escenario que considera un mayor uso de combustible fósil desarrollado por el IPCC a finales de la década de los noventa. Las emisiones globales estaban creciendo en 1.1 por ciento cada año a desde 1990 hasta 1999 y esto se aceleró a 3.5 por ciento anual desde 2000 hasta 2007.

El crecimiento de la economía global a principios del siglo XXI y un aumento en su intensidad carbono (emisiones por unidad de crecimiento), combinado con una disminución en la capacidad de los ecosistemas en tierra y los océanos para actuar como “sumideros” de carbono, han conllevado a un aumento rápido en las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera. Esto ha contribuido a impactos que más prontos que los esperados, incluyendo un aumento más rápido en el nivel del mar, la acidificación de los océanos, el derretido de hielo en el mar Ártico, el calentamiento de las masas terrestres polares, el enfriamiento de las corrientes del océano y los cambios en los patrones de circulación de los océanos y la atmósfera.

El aumento observado en las concentraciones de gases de efecto invernadero que están elevando la preocupación entre algunos científicos que pudiese ocurrir calentamiento de entre 1.4 y 4.3 grados Centígrados sobre las temperaturas de la superficie. Esto excede el rango entre 1 y 3 grados percibidos como el umbral para muchos “puntos de inflexiones”, incluyendo el fin del verano del hielo de mar Ártico y el derretimiento eventual de los glaciares del Himalaya y el manto de hielo del Groenlandia.

En 2007, el hielo de verano del mar en el Océano Ártico se encogió a su alcance más pequeño, 24 por ciento menos que el record anterior en el año 2005, y 34 por ciento menos que el alcance máximo promedio en el periodo 1970-2000. En 2008, el alcance mínimo del hielo era nueve por ciento mayores que en el año 2007, sin embargo, continúa siendo el segundo más bajo registrado.

Hasta el verano de 2007, la mayoría de los modelos proyectaron un septiembre libre de hielo para el Océano Ártico hacia finales del presente siglo. La reconsideración basada en las tendencias actuales ha conllevado a especular que esto podría ocurrir tan pronto como en 2030.
Hallazgos recientes demuestran que el calentamiento se extiende hasta el sur de la Península Antártica, para cubrir la mayor parte del Oeste Antártico, un área de calentamiento mayor que aquella informada previamente.
El agujero en la capa de ozono ha tenido un efecto enfriador en la Antártica, y es parcialmente responsable por enmascarar el calentamiento esperado en el continente. La recuperación del ozono de la estratósfera, gracias a la eliminación gradual de las sustancias que agotan la capa de ozono, proyecta aumentar las temperaturas antárticas en las décadas venideras.
Los estimados recientes del impacto combinado de derretimiento de hierro terrestre y la expansión térmica de los océanos sugiere un aumento promedio verosímil del nivel del mar entre 0.8 y 2.0 metros sobre el nivel de 1990 para el 2100. Esto se compara con un aumento proyectado entre 18 y 59 centímetros en el último informe IPCC, que no incluyó un estimado de cambios a gran escala en las tasas de derretimiento del hielo, debido a una falta de conciencia.
Bajo el escenario de IPCC que se equipara más estrechamente con las tendencias actuales, es decir, con las más altas emisiones proyectadas, entre el 12 y 39 por ciento de la superficie de la Tierra podría experimentar condiciones climáticas previamente desconocidas para 2100.
Una proporción similar, entre 10 y 48 por ciento, verán desaparecer los climas existentes. La mayoría de estos “climas que desaparecerán” coinciden con los puntos calientes de biodiversidad y con el problema adicional de hábitat fragmentados y las obstrucciones físicas para la migración; el temor es que muchas especies lucharán por adaptarse a las nuevas condiciones.

22 de septiembre de 2009

Concluye sin acuerdos cumbre de cambio climático en la ONU

Sin acuerdos concretos concluyó la cumbre sobre el cambio climático convocada por la Organización de las Naciones Unidas en busca de avances hacia un nuevo tratado que sustituya al protocolo de Kyoto.
Sin embargo, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, expresó su optimismo y consideró que las negociaciones marchan por el camino correcto, pues en la cumbre hubo convergencia en cinco puntos concretos, en especial sobre la necesidad de ampliar las medidas para ayudar a los países más pobres y vulnerables en su lucha por adaptarse y mitigar el cambio climático.
Ban Ki-Moon indicó que se habló acerca de los límites de emisión de gases de efecto invernadero para las naciones industrializadas, las más contaminantes y principales responsables de la actual situación.
También mencionó la meta de reducir para el año 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 50 por ciento por debajo de los niveles registrados en 1990, como recomiendan los científicos.
El máximo responsable de la ONU insistió en que debe mantenerse la dinámica experimentada durante las negociaciones que restan hasta la conferencia de Copenague, en diciembre próximo, donde podría adoptarse un nuevo protocolo internacional en la materia.
Para Ban Ki-Moon, el cambio climático es el más importante asunto geopolítico y económico del siglo XXI.
En el cónclave participaron 100 jefes de Estado y de Gobierno, cancilleres y representantes de los 192 países miembros de la ONU.

16 de septiembre de 2009

El cambio climático trae desastres y enfermedades

Urge preparación para enfrentar los eventos del cambio climático que favorecerán las enfermedades transmitidas por mosquitos, dice Jai P. Narain de la OMS.

El cambio climático se afianza, con temperaturas globales que se estima subirán hasta cuatro grados Celsius para 2100. Los ciclones tropicales probablemente serán más frecuentes e intensos, las lluvias se incrementarán y el nivel del mar podría subir casi un metro en la medida que las temperaturas de la superficie del mar aumenten.
También es de esperarse que el cambio climático traiga más desastres naturales, como sequías e inundaciones. Tales cambios inevitablemente afectarán la salud, particularmente en el mundo en desarrollo, ocasionando más muertes por golpes de calor, enfermedades diarreicas y malnutrición.
En particular, es probable que cambie la incidencia de enfermedades transmitidas por los mosquitos.
En algunas regiones tropicales, tanto los ciclones como las inundaciones crean caldos de cultivo para el crecimiento de los mosquitos que transmiten la malaria y el dengue. Las poblaciones pobres de las áreas costeras son particularmente vulnerables al aumento del nivel del mar y a la consiguiente amenaza de transmisión de enfermedades causadas por los mosquitos.

Aumento de enfermedades

En el sur y sudeste de Asia, la última década trajo consigo muchos desastres, entre los que se incluyen devastadoras inundaciones en los estados indios de Gujarat y Mumbai, súper ciclones en la India, Bangladesh y Myanmar, y tsunamis que afectaron a la India, Indonesia, Sri Lanka y Tailandia. La manera en que los desastres naturales afectan a las enfermedades transmitidas por los mosquitos varía de región a región, dependiendo tanto del medio ambiente como de las condiciones de vida de los habitantes.
Con excepción de los súper ciclones, todos los eventos descritos exacerban la transmisión de enfermedades transmitidas por mosquitos, particularmente la malaria. En la India, las inundaciones interrumpieron la prestación de servicios de salud y llevaron a una profusa reproducción de mosquitos, lo que dio como resultado brotes de malaria. La sequía también ha sido señalada como responsable de los brotes de malaria en Sri Lanka.
Del mismo modo, el tsunami que asoló la región en 2004 creó un gran caldo de cultivo para los mosquitos, interrumpiendo los servicios de salud y dejando más de 1.6 millones de personas a la intemperie. El resultado fue un enorme aumento de la incidencia de malaria en las islas Andaman entre enero y abril de 2005.
Y la chikungunya, una enfermedad que prácticamente había sido olvidada en la India, reapareció en algunas regiones del sur del país y para mayo de 2007 estaba extendida a casi todos los distritos de Kerala. Aunque los factores para su reaparición no se pueden determinar con precisión, la razón subyacente es que los cambios climáticos ayudaron a la reproducción y sobrevivencia del mosquito Aedes.

Tiempo de aprender las lecciones...

El Informe Stern 2006 del Reino Unido acerca de la economía del cambio climático señala enfáticamente que sin medidas de mitigación y adaptación, el daño causado por el cambio climático sería mucho más grave que el simple costo económico.
Pero de los pasados eventos se pueden aprender varias lecciones. Para comenzar, debemos documentar nuestras experiencias con los desastres naturales –lo que funcionó y lo que no– para ayudar a guiar la acción futura. Los brotes de malaria en las islas Andamán, por ejemplo, fueron controlados con detección y tratamiento efectivos, medidas de control del vector y servicios de rehabilitación.
La Oficina Regional de la OMS en el sudeste de Asia ya está analizando la relación entre el cambio climático y la salud, preparando protocolos de investigación para evaluar de qué manera puede afectar el cambio climático a las enfermedades transmisibles como la diarrea y el cólera, así como a las enfermedades transmitidas por mosquitos, y para evaluar los planes de preparación. La OMS probará dichos protocolos en Calcuta (India) y Thimpu (Bután) a fines de este año, y está considerando realizar otros estudios en seis o siete países más de la región el próximo año.

... y estar preparados

Otros investigadores y diseñadores de políticas deberían adoptar medidas similares. La información que manejamos sobre la relación entre desastres naturales, cambio climático y enfermedades transmitidas por mosquitos todavía es a nivel exploratorio. Necesitamos más datos y mejores modelos. Los modelos mundiales no ayudan a las evaluaciones regionales o nacionales porque son demasiado generales. Los países deben estudiar de manera individual los datos de los brotes anteriores de las enfermedades y evaluar los posibles efectos del cambio climático en las enfermedades transmitidas por los mosquitos, tanto en términos de otras áreas en riesgo como de poblaciones con posibilidades de ser afectadas.
Con el fin de crear las políticas necesarias para hacer frente al cambio climático y a las enfermedades transmitidas por mosquitos, también debemos abordar cuestiones prácticas relevantes para los diseñadores de políticas, que incluyen la producción de proyecciones socioeconómicas y los costos estimados de las medidas de adaptación comparadas con las probables ganancias o pérdidas económicas debidas al cambio climático.
Los países también necesitan otro tipo de información para identificar a las víctimas potenciales y evaluar los estados actuales de preparación. Deberían estar evaluando la infraestructura existente de los sistemas de salud, identificando las últimas herramientas de intervención disponibles y proporcionando los recursos requeridos para combatir las consecuencias del cambio climático sobre la salud. Los gobiernos deben proporcionar la capacidad de las comunidades locales para hacerle frente y así determinar qué otros aportes adicionales se requieren.
Con la investigación, las políticas y las herramientas adecuadas, regiones como el sur y el sudeste de Asia se pueden preparar para cualquier aumento en las enfermedades transmitidas por mosquitos y causado por el cambio climático. Pero ello requerirá esfuerzos concertados para desarrollar la capacidad de investigación necesaria que permita evaluar la amenaza del cambio climático y construir modelos de las implicancias de la enfermedad.

Jai P. Narain es director del Departamento de Enfermedades Transmisibles de la Oficina Regional de la OMS para el sudeste de Asia, localizada en la India. Publicado por Sci-Dev.

Cómo informar sobre el cambio climático

Informar sobre cómo el cambio climático afecta la salud es un reto; revise fuentes y entreviste expertos confiables, propone Asefaw Getachew.

Cuando los periodistas comunican sobre la manera como el cambio climático podría afectar la propagación de enfermedades transmitidas por insectos, están desempeñando el papel ambicioso, pero fundamental, de mediadores. En alianza con los científicos, deben traducir los resultados de la investigación en un lenguaje sencillo y presentar a los formuladores de políticas y al público una predicción realista de los riesgos.
Este tipo de información es particularmente vital en los países en desarrollo, donde la gente ya enfrenta muchas enfermedades transmitidas por insectos, y es muy vulnerable al cambio climático, pero tiene poca capacidad de resistencia a ambos. Esos países requieren una información sustentada de cómo el cambio climático afectará la prevalencia y transmisión de esas enfermedades, de manera que puedan establecer estrategias efectivas de prevención y control.

Un futuro incierto

Uno de los problemas más grandes es que el asunto es demasiado complejo y las predicciones climáticas son bastante inciertas. Pocos periodistas –incluso aquellos con algún bagaje científico—tienen conocimientos lo suficientemente profundos de la epidemiología y de los modelos climáticos como para entender las complejidades involucradas en este tema.
Tan sólo predecir la parte del cambio climático es una tarea compleja. Los científicos combinan datos y modelos matemáticos para predecir los cambios en las temperaturas y en las lluvias. Tratan de dar cuenta de los factores que las componen, pero sus previsiones de ninguna manera son infalibles.
Si a ello se añade tratar de predecir de qué manera esos cambios afectarán la propagación de las enfermedades, los resultados se vuelven aún más imprecisos.
Es cierto que el clima influye en muchas de las enfermedades transmitidas por insectos. Por ejemplo, siempre y cuando haya suficiente lluvia y se incrementen las temperaturas –hasta un máximo de 30-35 grados Celsius—aumenta por lo general el metabolismo del mosquito que transmite la malaria, haciéndolo comer con más frecuencia. Esto, a su vez, puede incrementar la transmisión. Además, los parásitos que viven dentro de los mosquitos se desarrollan más rápidamente en las temperaturas cálidas.
Pero esto no significa que exista una relación simple entre el clima y la malaria, porque en la transmisión también influye una gama muy amplia de otros factores. Entre ellos están las condiciones medioambientales y sociales, como la densidad poblacional y la inmunidad de las personas, o los niveles de resistencia del parásito o del vector.

¿Habla un experto?

La información confiable se basa en periodistas que aprecien y comuniquen con fidelidad estas complejidades.
En teoría, los periodistas podrían trabajar de manera más cercana con los científicos, solicitándoles que aclaren los métodos, resultados e implicancias clave de su investigación. Sin embargo, los propios científicos aún no se ponen de acuerdo sobre los efectos a largo plazo que el cambio climático acarreará a las enfermedades transmitidas por insectos. Esto es válido incluso para las enfermedades más estudiadas, como la malaria o la fiebre del dengue.
Por ejemplo, algunos estudios atribuyen la reaparición de la malaria en las tierras altas del este de África al aumento de las temperaturas asociadas con el cambio climático. Pero otros estudios afirman que aunque los patrones de temperatura pueden haber cambiado, el número de meses con temperaturas adecuadas para la transmisión no varió significativamente en el siglo pasado, por lo tanto algún otro factor además del cambio climático debe ser el culpable.

Recursos confiables

Entonces, ¿qué pueden hacer los periodistas de cara a este complejo, impreciso y tremendamente debatido tema?
Encontrar fuentes confiables para las noticias científicas acerca del cambio climático y la salud es de crítica importancia. Los periodistas deben seguir los principios básicos para revisar las pruebas, asegurándose, por ejemplo, de que la investigación científica haya sido adecuadamente arbitrada.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (más conocido como IPCC por sus siglas en inglés) es una fuente particularmente valiosa de información sobre el cambio climático, pues presenta conocimientos sobre los cuales la mayoría de científicos están de acuerdo. Sus conclusiones sobre la salud humana, publicadas en su cuarto informe de evaluación, indican que el cambio climático ya está afectando la carga mundial de la enfermedad, y que está desempeñando un papel importante en la distribución de la malaria, el dengue y las enfermedades transmitidas por las garrapatas. Pero el informe agrega que todavía está pendiente una evaluación confiable sobre las interacciones entre el cambio climático y la malaria.
Otras organizaciones también pueden ayudar a los periodistas a identificar fuentes confiables de información. The Environmental Law Institute, de los Estados Unidos, por ejemplo, ha publicado una lista de más de 60 instituciones que se pueden consultar sobre temas relativos al cambio climático.
Los periodistas, además, necesitan capacitación, que incluya competencias básicas de comunicación de la ciencia, por ejemplo cómo interpretar las estadísticas y el riesgo (Ver: Comunicar las estadísticas y el riesgo). Pero también debería incluir capacitación en los fundamentos del cambio climático y sus efectos sobre la salud. Las escuelas y los cursos de periodismo deberían revisar sus planes de estudio con el fin de incluir el ‘abc’ del cambio climático y sus impactos.
Por supuesto, pocos periódicos –especialmente en el mundo en desarrollo—pueden darse el lujo de enviar a sus periodistas, que a menudo tienen que escribir acerca de un rango muy amplio de noticias, a cursos de capacitación para cada tema que cubren.
Pero los periodistas pueden ayudarse a sí mismos consultando guías adaptadas al cambio climático, tales como Reporting on climate change: Understanding the science, (disponible en inglés), publicada por el ya citado Environmental Law Institute.
Los científicos también pueden ayudar. Las instituciones de investigación deberían contar con foros de discusión en línea y blogs para fomentar el debate y compartir experiencias entre científicos, políticos y periodistas. Esas herramientas podrían cubrir temas fundamentales y ayudar a los periodistas a presentar con exactitud los nuevos hallazgos. Los científicos y los medios deben encontrar la manera de establecer una coalición que cierre las brechas del conocimiento e informe a los políticos, para ayudar a dirigir los recursos de manera más eficaz y a construir capacidades de adaptación o mitigación.

Asefaw Getachew es consultor de PATH en la Alianza para el Control y Evaluación de la Malaria (MACE por sus siglas en inglés) de África. PATH es una organización sin fines de lucro. Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no expresan necesariamente los puntos de vista de MACE o de PATH. El artículo fue publicado por Sci-Dev.

15 de septiembre de 2009

Futuro sombrío para los mamíferos del Mediterráneo: UICN

La evaluación más reciente sobre los mamíferos del Mediterráneo indica que uno de cada seis está amenazado de extinción a nivel regional, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de Especies Amenazadas.
El estudio, que evalúa la situación de 320 mamíferos de la región, con excepción de ballenas y delfines, estima que el 3% están En peligro crítico de extinción, el 5% En peligro, y el 8% son Vulnerables. Un 8% más están Casi amenazados y 3% están Extintos o Extintos a nivel regional. Es la primera vez que se evalúa la situación de todos los mamíferos del Mediterráneo para la Lista Roja de la UICN.
“La amenaza principal es la destrucción de los hábitats, que afecta al 90% de las especies amenazadas,” señala Annabelle Cuttelod, de la UICN, coautora del informe. “Se requiere una acción internacional para la protección de las áreas críticas y preservación de hábitats naturales, para garantizar que no perdemos la importante biodiversidad de esta zona.”
El estudio muestra que roedores, murciélagos, musarañas, erizos y topos, que constituyen la mayoría de los mamíferos del Mediterráneo, tienen cada vez más dificultades para sobrevivir a causa de la destrucción y el deterioro de su hábitat por la agricultura, la contaminación, el cambio climático y la urbanización.
Los grandes herbívoros como los ciervos, los carnívoros, y los conejos y liebres están especialmente amenazados. Ocho especies pertenecientes a estos grupos, entre los que se encuentran el gamo persa (Dama mesopotamica) y el hipopótamo común (Hippopotamus amphibious), ya se han extinguido en la región mediterránea.
La foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) y el lince ibérico (Lynx pardinus) se hallan ambos En peligro crítico de extinción. El Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN, que tuvo lugar en Barcelona el pasado octubre, instó a una acción internacional con miras a preservar sus hábitats naturales.
La agricultura afecta al 65% de los mamíferos amenazados, la caza y captura con trampas al 60% y las especies invasoras al 50%. En total, las poblaciones de más de la cuarta parte (27%) de los mamíferos del Mediterráneo está en declive, el 31% permanece estable, mientras que para más de un 40% no se conocen las tendencias poblacionales . Sólo el 3% de las poblaciones aumenta, a menudo gracias a las actividades de conservación, según el estudio.
La biodiversidad de mamíferos es mayor en las zonas montañosas de la región, con concentraciones de especies amenazadas particularmente altas en las montañas de Turquía, el Levante, y el noroeste de África. Pese a que el Sahara cuenta con una gran riqueza de especies relativamente baja, una gran parte de las especies saharianas están amenazadas.
De las 49 especies de mamíferos amenazadas, 20 son únicas en la región y no se hallan en ninguna otra parte del mundo, lo que destaca la responsabilidad que tienen los países del Mediterráneo de proteger la totalidad de la población mundial de estas especies.
“Para garantizar la supervivencia de los grandes mamíferos herbívoros y carnívoros en el Mediterráneo debemos restaurar los hábitats y la cadena alimenticia,” dice Helen Temple, coautora del estudio. “Es preciso fomentar la aceptación de los grandes depredadores por parte de la población, mejorar la gestión de las áreas protegidas y mejorar la aplicación del cumplimiento de las leyes relativas a la caza.”