8 de octubre de 2009

Bangkok: mucho blablablá y pocos resultados


Las negociaciones sobre el instrumento que reemplazará o revitalizará al Protocolo de Kyoto siguen estancadas. En la reunión de Bangkok no hubo avances significativos, salvo los anuncios de los Estados Unidos y otros países desarrollados, de que podrían reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2050.

Y es que las delegaciones trabajan más en la forma, en la redacción de los textos, que en el fondo, como lo demuestra el hecho de que en los temas principales no se alcanza un acuerdo político. Por el contrario, hay momentos en que hasta parece que van en reversa.

Los temas controversiales siguen siendo los de siempre: los niveles de compromiso de reducción de los países; la discusión sobre si continúa el Protocolo de Kyoto o se crea uno nuevo (al que algunos ya pusieron nombre: Acuerdo de Copenhague); el financiamiento y la transferencia de tecnología, en especial acerca de quién debería pagar la cuenta.

Pero quien no pierde el optimismo es el secretario ejecutivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Yvo de Boer, quien considera que sí hay progresos, aunque hace falta el impulso de los líderes mundiales para convertirlo en una realidad clara.

"Hay una sensación general de que se requiere el respaldo de los líderes políticos al más alto nivel para llegar a un resultado", dijo De Boer al hablar sobre los trabajos que realizan los negociadores de 180 países en Bangkok, donde buscan elaborar un documento que pudiera ser clave para alcanzar un acuerdo internacional en la cumbre climática de Copenague, en diciembre.

La mayoría de los países está de acuerdo en que deben reducirse drásticamente las emisiones de dióxido de carbono para prevenir una catástrofe, pero los puntos polémicos radican en la manera de compartir esa tarea y sobre quién debe pagar la factura.

La realidad es que no se ve un avance en las cuestiones políticas... Los negociadores necesitan de esa voluntad política, ya no pueden seguir haciendo su trabajo basados solamente en la buena fe, aseguró el funcionario de la ONU.

Así, a partir de ahora las negociaciones entran a tiempos extras y sólo quedan cinco días de sesiones de negociación en Barcelona, España, en noviembre.

Tan difícil se ve la situación, que el primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, han manifestado su disposición de "ayudar a los líderes a avanzar en el proceso”, confió De Boer.
Y para afianzar su fama de optimista, cuando le preguntaron si todavía era posible trabajar en los detalles técnicos en un proyecto antes de la conferencia de diciembre, De Boer respondió: "Creo que tenemos tiempo suficiente".

Como el final de la reunión se acercaba, algunos delegados trataban de finalizar sus trabajos antes de que iniciaran la sesión plenaria de clausura.

Al final del día, varios grupos habían terminado, aunque en algunos las
divergencias eran más evidentes que en otros. Y si bien muchos aseguran que será necesario trabajar más para llegar a un acuerdo, lo cierto es que la mayoría ha manifestado sorpresa por las nuevas divisiones, que han llevado a pensar que ha habido un retroceso en las negociaciones.

En este mar de confusión, el anuncio hecho por el gobierno de Noruega de reducir sus niveles de emisiones entre 30 y 40 por ciento hacia el año 2020 pasó desapercibido.

Es viernes y ya nadie quiere hablar de Bangkok; todos piensan en Barcelona y muchos más en Copenague.

Hoy todos se quejan de los “trabajos informales”, porque si el trabajo es informal, los resultados serán informales. Además, hay tantos grupos que pocos países pueden cubrir todos los temas. Sin embargo, nadie parece querer cambiar el método de trabajo en Barcelona, así que ya se habla de que tampoco debemos esperar grandes resultados.

Queda, entonces, la reflexión de un delegado: "con la voluntad política de nuestros países, te sorprendería cuán rápido pueden suceder las cosas”.

7 de octubre de 2009

Deben invertirse 10 mil millones de dólares en energías limpias

La Agencia Internacional de Energía dio a conocer que sería necesaria una inversión de 10 billones de dólares durante los próximos 20 años en energías renovables, biocombustibles y energía nuclear, para estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero.
La agencia, que asesora en materia de energía a 28 países industrializados, advirtió que si los gobiernos no se comprometen a realizar una inversión para reconformar el sector, las emisiones de gases de efecto invernadero se duplicarán por encima de los niveles de seguridad.
El sector energético -que comprende los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) usados en la industria eléctrica y vehículos de combustión- es responsable del 85 por ciento de las emisiones mundiales de dióxido de carbono.
La organización estima que si el dinero se invierte en la tecnología adecuada, podría lograrse que la temperatura mantenga su aumento por debajo de los dos grados Celsius, nivel en que la mayoría los científicos consideran que el cambio climático produciría graves consecuencias. Por esa razón, la Agencia recomienda invertir hasta el año 2020 para aumentar la eficiencia energética, incentivar el uso de energías renovables y los biocombustibles.
En la década siguiente, los esfuerzos podrían dirigirse más a la energía nuclear, la captura y secuestro de carbono. La AIE pide que para 2030, el 33 por ciento de la energía provenga de fuentes renovables, incluyendo la energía nuclear, lo que significaría la construcción de 18 reactores nucleares y 17 mil molinos de viento cada año. Asimismo, casi el 60 por ciento de los vehículos en todo el mundo tendría que ser híbrido o eléctrico.
El mensaje de la Agencia es contundente: si el mundo continúa con la energía de hoy, las consecuencias del cambio climático serán graves. Según el director ejecutivo de la AIE, Nobuo Tanaka, la energía está en el corazón del problema, por lo que debe ser el núcleo de la solución.
El informe de la AIE fue presentado en el marco de las negociaciones sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, que trabaja en la creación de un nuevo acuerdo que reemplace o dé nueva vida al Protocolo de Kyoto, que concluye en 2012.
Los líderes mundiales esperan los resultados para forjar un nuevo acuerdo en diciembre en Copenhague, pero los países industrializados aún no se comprometen a financiar las tecnologías limpias y todas las medidas necesarias para generar una economía baja en emisiones de carbono.
La agencia considera que las tres cuartas partes de su plan deberían ser financiadas por los países industrializados, y que más del 40 por ciento de ese dinero se gastaría en los países pobres y principalmente en China porque este país podría, por sí solo, reducir para el 2020 una tercera parte las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Y aunque el plan requeriría, entre otras cosas, de una gran revolución entre los fabricantes de vehículos y se estima que éstos sólo cambiarán sus planes de negocio si reciben una señal de Copenague, empiezan a verse con optimismo algunas señales enviadas por los gobiernos de China y de los Estados Unidos, que presentaron algunas propuestas para eficientar el gasto energético de los vehículos nuevos.
El informe de la AIE fue recibido por la mayoría de los delegados a las Pláticas de Bangkok con cierto optimismo y como un claro recordatorio de que los negociadores deben dejar de lado las diferencias para poder llegar a un acuerdo en las cuestiones fundamentales.