5 de abril de 2009

Apetito salvaje

La globalización está alimentando la demanda internacional por productos de plantas y animales, señala, Steven Broad, Director Ejecutivo de TRAFFIC, la red de monitoreo del
comercio de la vida silvestre.

No es una sorpresa que la globalización y el rápido desarrollo económico de muchos países esté causando un impacto inmenso sobre los patrones de comercio, especialmente en China.
Hogar de la quinta parte de la población
del mundo, cada vez más gente gana mayor riqueza e interés para adquirir productos de la vida silvestre de todo el mundo.
Los efectos de una demanda guiada por los consumidores de China ya se sienten en las economías más pobres del mundo, como África, un continente rico en recursos naturales, pero postergado en desarrollo económico.
En 2006, las inversiones
chinas en África fueron estimadas en US$50 mil millones, y se pronostica que alcanzarán los US$110 mil millones en 2010.
Esta inversión asiática en los recursos de África tiene el potencial de llevar muchos beneficios a través de la generación de más riqueza. Pero también existe la posibilidad de que lleve a una mayor explotación de los recursos naturales del continente.
Sin el control y gobernanza apropiados, existe el peligro de que los inversionistas extranjeros tomen mucho y den muy poco a cambio.
Ya existe evidencia en el sector de comercio de vida silvestre a través del Sistema de Información del Comercio de Elefantes (Elephant Trade Information System -ETIS-), una base de datos de los decomisos de marfil en todo el mundo. En 2007, el mensaje a partir del análisis de los datos de ETIS fue claro: organizaciones criminales manejadas por asiáticos y basadas en África están implicadas cada vez más en un creciente comercio ilegal de marfil de elefantes.
También hay evidencia de operaciones ilegales de marfil a escala comercial que involucran a
ciudadanos chinos en 22 Estados del área de distribución del elefante africano.
Las conexiones asiáticas también están claramente presentes en las actividades de los carteles criminales en otras esferas del comercio de los recursos naturales. En mayo de 2007, TRAFFIC lanzó un informe sobre la tala ilegal que reveló que las estadísticas de importación de China incluían 10 veces más madera desde Tanzania que la documentada en los registros de exportación de este país.
TRAFFIC también informó sobre un incremento en la cosecha de madera no controlada en el sur de Tanzania, en gran medida como resultado de la demanda de Asia. Algunos días después, las autoridades enMozambique confiscaron 531 contenedores de troncos ilegales a la espera de ser exportados -unos 11 mil metros cúbicos de madera-. Los troncos habían sido vendidos por operadores madereros a compañías chinas y esperaban ser exportados.
El Presidente Koroma, de Sierra Leona, estableció una veda temporal sobre las exportaciones de madera para detener el daño a los bosques tropicales y al clima de su nación. Él señaló que la destrucción indiscriminada causada por los madereros chinos en el norte del país estaba
causando estragos y era urgente reestructurar la industria maderera.
El gobierno chino ha reconocido el problema y ha comenzado a tomar acciones para alentar el comercio responsable de sus ciudadanos: está enviando delegaciones a sus misiones en
África para crear mayor conciencia sobre la seriedad del comercio ilegal de marfil. En octubre de 2007, China participó por primera vez en una reunión de la Alianza forestal de la cuenca del Congo. Los delegados gubernamentales de 10 países de África Central se reunieron con representantes de algunos países europeos y de los Estados Unidos para discutir sobre el manejo sostenible de los bosques. Ahora que China está a la par de la Unión Europea como líder en la importación de madera de África Central, su participación fue, de hecho, oportuna.
Pero se necesita mucho más. Debe generarse una mayor conciencia entre los encargados de formular las políticas gubernamentales, la industria y los consumidores en China, del impacto mundial del país sobre los recursos de vida silvestre.
En
años recientes, la Autoridad Administrativa CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) de China se ha vuelto muy activa en las discusiones sobre el comercio transfronterizo de vida silvestre con sus vecinos asiáticos, y se podrían extender iniciativas similares hacia socios comerciales claves y distantes. Los gobiernos africanos también necesitan aprovechar los beneficios para el desarrollo y la conservación de las nuevas relaciones en el comercio de vida silvestre, a través de políticas comerciales sostenibles, una mejor gobernanza y el fortalecimiento de las acciones para aplicar la ley y la cooperación.
Sin embargo, no hay que simplificar
demasiado los temas y recordar la verdadera naturaleza de la economía rural. En tanto que existe un incuestionable crecimiento acelerado de la demanda interna de productos de vida silvestre en Asia, los consumidores finales de dichos productos
pueden estar en otra parte. Hábiles carpinteros asiáticos transforman la madera africana en muebles bellamente trabajados, los cuales son reexportados hacia donde encuentren los precios más altos: con frecuencia en Europa y Norteamérica. Todo regresa a la economía global, donde usualmente se trata de quién puede pagar qué, y quién puede suministrar los bienes en demanda al mejor precio.
Más que nunca, las acciones para enfrentar los desafíos de conservación que surgen del comercio internacional de vida silvestre necesitan ser desarrolladas con una perspectiva global y con una mirada atenta sobre las oportunidades y amenazas impuestas por una economía mundial cambiante.
Basado en un artículo en el boletín de TRAFFIC 21(3). TRAFFIC es un programa conjunto de la UICN y de WWF. www.traffic.org

No hay comentarios.: