19 de abril de 2009

Amenazada, la vida de los orangutanes


La tala de árboles es de hecho la amenaza principal al orangután, una especie de gran primate conocida por su gran inteligencia y el hecho de que es el animal más grande que vive casi exclusivamente en los árboles.
Un estudio de 2007 hecho por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) predice que los orangutanes serán eliminados virtualmente en sus zona nativas dentro de dos décadas si continúan las tendencias actuales de desforestación.
Los grandes simios rojizos son nativos de las selvas tropicales de Indonesia y Malasia, que se están talando rápidamente (en muchos casos, ilegalmente) para abrir paso a la agricultura y otros fines de desarrollo.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) clasifica a la subespecie borneana de orangután como en peligro y a la subespecie de Sumatra como en peligro crítico. La organización Orangutan Conservancy estima que solamente quedan 54 mil orangutanes borneanos y seis mil 600 orangutanes de Sumatra en sus selvas nativas.
Dado que es raro que los orangutanes adultos toquen la tierra, no sorprende que la degradación de los bosques, la fragmentación y el despeje de tierras -a veces por incendios intencionales- sean los factores principales en la declinación de la población de la especie. El resultado ha sido la pérdida de un 80 por ciento del hábitat de los orangutanes en solamente las dos décadas pasadas.
Mientras los pequeños agricultores independientes abren más claros en la selva tropical para plantar sus cosechas, un problema incluso más grande es la extensión de las plantaciones de aceite de palma -en algunos casos financiadas por bancos de desarrollo supuestamente progresistas-, las que se extienden por centenares de millares de acres a través de la selva tropical previamente diversa.
El Centro para la Ciencia en el Interés Público
(CSPI) reporta que durante las últimas cuatro décadas, el área de tierra total plantada con palma de aceite en Indonesia ha crecido 30 veces a más de tres millones de hectáreas, mientras que en Malasia, la agricultura de la palma de aceite ha aumentado un 1200 por ciento a 3.5 millones de hectáreas. Los orangutanes también se matan para el comercio ilegal de la fauna. Los cazadores furtivos matan a las madres y después venden a los bebés como animales domésticos. Según el World Wildlife Fund (WWF), puede haber más orangutanes (mascotas) por milla cuadrada en Taipei, Taiwán, que en las selvas mismas. Desafortunadamente para los dueños incautos, los orangutanes crecen rápidamente y dejan de ser mimosos y pueden, como cualquier animal salvaje, ponerse ingobernables cuando se encuentran confinados. Los cazadores también están matando los orangutanes como comida para el tráfico de carne de caza furtiva. Según la Orangutan Conservancy, el hecho de que muchas compañías foresteras indonesias no proporcionen alimentos a sus trabajadores exacerba este problema. “Se emplea a menudo centenares de madereros para talar un área particular del bosque, y tienen que encontrar alimento por sí mismos,” dice la Conservancy. “Los madereros, junto con los colonos que establecen comunidades en los bosques, cazan orangutanes, pájaros y pequeños mamíferos que comen los mismos orangutanes.” El grupo fija la culpa en las presiones económicas junto con la avaricia e ignorancia humanas. “Las necesidades de tanta gente con poca tierra son urgentes, permitiendo poco tiempo para el planeamiento o cuidado del ambiente.” Los lectores pueden ayudar donando tiempo o dinero al grupo, o contribuyendo a su programa de adopciones de un orangután mediante el cual se recogen fondos para cuidar a orangutanes específicos huérfanos.

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