10 de diciembre de 2008

Lo siento, no soy perfecto: Nicolás Stern


Sir Nicolas Stern, el hombre que puso al Reino Unido al frente de la lucha contra el calentamiento global con su Informe acerca de la economía del cambio climático, sonrío ante la ingenua pregunta y finalmente tuvo que aceptar que “no es perfecto” y confesar que sólo hace lo que puede para disminuir su huella de carbono.
“Debo confesar que tengo un auto de hace 17 años, que manejo a baja velocidad, camino y uso focos ahorradores. Son las cosas que puedo hacer. Lo siento, no soy perfecto.”

Momentos antes, el autor del Informe Stern, realizado por encargo del gobierno de Gran Bretaña, había citado los costos del cambio climático ante una selecta audiencia convocada por Enconcern Sustainable Energy Event, en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

El Informe Stern fue el primer aporte de importancia al debate mundial sobre el tema realizado por un economista y no por un científico.

Durante su plática, Stern diría que todavía estamos a tiempo de evitar las peores consecuencias del cambio climático, si adoptamos firmes medidas, empezando por el nivel individual. Lo que necesitamos es dejar de emitir dos toneladas anuales de dióxido de carbono por persona en el mundo. Así de fácil.

De otro modo, estaríamos en riesgo de que el cambio climático reduzca el crecimiento económico mundial en una quinta parte. Realizar dichas acciones costaría sólo el dos por ciento del producto interno bruto mundial, el que lógicamente debiera ser aportado por los países más ricos, cuyo crecimiento no se vería mayormente afectado.

Pero si no se hace nada, hasta 200 millones de seres humanos podrían convertirse en "refugiados climáticos" como resultado de sequías e inundaciones, además de producirse una crisis económica mundial de mayores proporciones a la que aún resentimos.

El cambio climático incidirá sobre el suministro de agua limpia, la producción de alimentos, la salud y el medio ambiente, porque a medida que se produce el calentamiento del planeta, cientos de millones de personas podrían padecer hambre, escasez de agua e inundaciones.

De permanecer inactivos, el costo y riesgo total del cambio climático equivaldría a la pérdida del cinco por ciento anual del PIB global, aunque teniendo en cuenta una gama de riesgos y consecuencias más amplios, los daños podrían aumentar a un 20 por ciento.

Las inversiones que se hagan en los próximos 10 a 20 años tendrán un gran impacto sobre el clima durante la segunda mitad del siglo. Nuestras acciones podrían producir una importante perturbación de las actividades económicas y sociales, cuya escala sería comparable a la asociada con las grandes guerras y la depresión económica de 1929.

Se requiere la adopción de medidas prontas y firmes a nivel internacional, pues el cambio climático es un problema global. Nuestra respuesta deberá cimentarse sobre una visión compartida de los objetivos a largo plazo, en un acuerdo sobre los marcos que acelerarán la aplicación de medidas durante la próxima década y en planteamientos de cooperación mutua a niveles nacional, regional e internacional.

El riesgo de las peores consecuencias del cambio climático puede reducirse sustancialmente si se consigue estabilizar el nivel de gases invernadero en la atmósfera entre 450 y 550 partes por millón de dióxido de carbono, que en la actualidad está en 430 partes por millón, con un aumento anual superior a dos partes por millón. Esa estabilización requeriría que, para el 2050, las emisiones fueran 25 por ciento inferiores a los niveles de 1990. Sin embargo, la estabilización de la situación a cualquier nivel requiere que las emisiones anuales se reduzcan en más del 80 por ciento.

Ante un auditorio que rebasó las capacidades del salón, Stern fue claro al decir que el mundo no tiene que elegir entre evitar el cambio climático y promover el crecimiento y el desarrollo.

A largo plazo, enfrentar el cambio climático es la estrategia adecuada a favor del crecimiento, la cual puede llevarse a la práctica sin limitar las aspiraciones de desarrollo de los países ricos o pobres.

Es posible reducir las emisiones mediante una mejora de la eficiencia energética, la introducción de cambios en la demanda y la adopción de tecnologías limpias en los sectores de la energía, calefacción y transporte.

Pero aunque contamos ya con opciones diversas para reducir las emisiones, se requerirán medidas de política firmes y deliberadas que motiven su aceptación. Luego de mencionar que el cambio climático es el mayor fracaso del mercado jamás visto en el mundo, que interactuó con otras imperfecciones del mercado, señaló que toda respuesta global eficaz requerirá tres elementos de política: el precio del carbono, aplicado por medio de impuestos, comercio o reglamentación; una política de apoyo a la innovación y a la aplicación de tecnologías bajas en carbono, y la adopción de medidas para eliminar cualquier barrera a la eficiencia energética, acompañadas de medidas tendientes a informar, educar y persuadir a las personas sobre lo que pueden hacer, a nivel individual, para responder al cambio climático.

Por último señaló que todo marco internacional futuro debería incluir los siguientes elementos:

• Canje de emisiones: el establecimiento de objetivos ambiciosos en los países ricos podría aportar cada año miles de millones de dólares en apoyo de la transición hacia un desarrollo bajo en carbono.

• Cooperación tecnológica: la efectividad de las inversiones en tecnología innovativa por todo el mundo podría verse incrementada mediante una mezcla de coordinación informal y de acuerdos formales. A escala mundial, el apoyo a la investigación y desarrollo en el sector energético debería duplicarse, como mínimo, mientras que el apoyo a la aplicación de nuevas tecnologías bajas en carbono debería quintuplicarse.

• Reducir la deforestación: La pérdida de los bosques naturales del mundo contribuye más a las emisiones globales anuales que el sector del transporte.

• Adaptación: Los países más pobres son los más vulnerables al cambio climático, razón por la que es esencial que el cambio climático quede plenamente integrado en la política de desarrollo y que los países ricos cumplan con sus compromisos de aumentar su apoyo, por medio de la asistencia al desarrollo.

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