6 de noviembre de 2008

Agua: el conflicto que viene

Hoy en día un sexto de la población humana del mundo carece de acceso al agua potable limpia, y más de dos millones de personas -sobre todo niños pequeños—mueren cada año de enfermedades trasnmitidas por el agua.
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), una organización independiente que proporciona ayuda económica para el desarrollo y humanitaria en todo el mundo en apoyo de las metas de la política exterior de los Estados Unidos, predice que para 2025, la mitad de los seres humanos enfrentarán severa y crónica escasez de agua.
Sobra decir que el agua es de importancia primaria para nuestra supervivencia, y que la protección al acceso y calidad de las fuentes de agua dulce se convertirá cada vez más en un desafío en los años venideros.
Según el Consejo Mundial del Agua, el siglo XX vio cómo se triplicó la población del mundo, mientras que el consumo de agua dulce creció hasta en seis veces.
Como se proyecta que la población mundial va a aumentar un 50 por ciento durante el medio siglo próximo, los analistas están sumamente preocupados porque la demanda mayor de agua, junto con la industrialización y la urbanización, tendrá consecuencias serias para la salud humana y del ambiente.
El acceso al agua dulce también causará conflictos entre gobiernos y grandes tensiones dentro de fronteras nacionales alrededor del mundo.
Según la USAID, la “crisis mundial del agua” no es tanto un problema de escasez como de administración y distribución no equitativa.
Las regiones más fuertemente golpeadas han sido las de los países en el Medio Oriente, África del Norte y la África subsahariana.
La demanda mundial de agua se duplica, actualmente, cada 21 años, pero los problemas relacionados con el agua no son exclusivos del mundo en desarrollo.
En norteamérica hemos contaminado y desviado nuestras fuentes de agua dulce más alla de la capacidad de la naturaleza para restaurar esos flujos, por lo que grandes ciudades sedientas han aparecido en zonas donde la única manera de conseguir el líquido es bombeándolo de otras regiones.
¿Cómo curar las aflicciones del mundo? La clave estriba en usar el agua más eficientemente –en especial en la agricultura y en la industria, que juntas utilizan más del 90 por ciento del agua dulce total del mundo, pero cambiar las prácticas de millones de granjeros y negocios en todo el mundo es una tarea gigantesca.
Irena Salina, director del documental premiado Flow [Flujo], acerca de los suministros cada vez menores de agua en el mundo, piensa que la meta se puede lograr si los líderes de mundo, los bancos internacionales, las Naciones Unidas y otras organizaciones gubernamentales establecen acuerdos cooperativos para el uso de cuerpos de agua, incluyendo los subterráneos, y mecanismos económicos para cerciorarse de que quienes necesiten acceso al agua puedan conseguirla.
En lo que respecta al mundo desarrollado—donde utilizamos 10 veces más agua que en los países subdesarrollados—Salina sigue siendo pesimista. “Si nuestros líderes fueran serios acerca de la solución de los problemas, no permitirían que las corporaciones descargaran agentes contaminantes en las fuentes de agua y, en vez de gastar millones de dólares en tecnologías que limpian la polución, utilizaríamos esos recursos para prevenir la contaminación del agua.”
Contactos: World Water Council, www.worldwatercouncil.org; USAID, www.usaid.gov; Flow the Film, www.flowthefilm.com.
Transmitido para el Sistema Nacional de Noticiarios, del IMER.

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