9 de septiembre de 2006

¿Por que no impactamos a la sociedad?

Ponencia presentada en el Taller para periodistas en la 12 Expoagua Guanajuato. Agosto 2006.

Más allá de los valores sociales, ecológicos y económicos del agua, debemos redescubrir el mundo de las emociones que tradicionalmente ha suscitado en todas las culturas el agua como elemento de vida, de belleza y de magia.
Volver a enamorarnos de nuestros ríos…volver a enamorarnos en nuestros ríos y en sus riberas. Redescubrir el mundo de emociones que encierra navegar, nadar o simplemente contemplar, contemplar cómo pasa, cómo suena, cómo habla, cómo canta… nuestro río.
La cuenca Lerma Chapala es considerada una ecorregión con status crítico cuya conservación es de prioridad alta y presenta escasez de agua debido a la acción del hombre. Asimismo, presenta un importante crecimiento de población, lo cual ha generado una mayor demanda del vital líquido en sus diferentes formas: consumo humano, industrial y agropecuario.
Por otro lado, ha sufrido una grave sobreexplotación de los mantos acuíferos, problemas de contaminación, pérdida de biodiversidad y aceleración de los procesos de erosión.
No podemos cambiar siglos de pensamiento en unos años y tenemos que buscar la forma de lograr el despertar de la conciencia social.
Labor fundamental será lograr el proceso de socialización del conocimiento científico-tecnológico y la creciente participación de la comunidad en la discusión de los grandes temas. En otras palabras, la calidad y cantidad de comunicación social va a marcar la diferencia.

Comunicación, la llave de la cerradura

La comunicación es el acto de compartir significados. El concepto de 'significado' es esencial para la comunicación. Por eso, lograr que los mensajes se ajusten lo más posible a los significados, debe ser la principal preocupación del comunicador.
La comunicación abarca informaciones puntuales y específicas, moldeadas por conductas, percepciones, sentimientos, afectos, actitudes, prejuicios, ideas y pensamientos. Intervienen, entonces, tanto la cultura general como las características personales.
Toda comunicación persigue objetivos, procura metas. Su intencionalidad básica es producir una respuesta. Nos comunicamos para influir y afectar intencionalmente al otro. Toda comunicación humana lleva consigo, de forma clara u oculta, una cierta intencionalidad de captación o influencia sobre los otros. No hay comunicaciones humanas gratuitas.
Con toda comunicación se busca siempre, en mayor o menor grado, influir a un sujeto o grupo de sujetos. Influir significa únicamente informar. Esta información supone un cambio, entendido como una actitud crítica o favorable a la información recibida. La comunicación es, por tanto un proceso participativo -de comprensión mutua- y multidireccional.
Considerando lo anterior, uno de los efectos más interesantes al enfrentar situaciones problemáticas, es que no promueve soluciones, las negocia.

Ardua tarea por delante

Cuando nos adentramos en la comunicación de temas ambientales a través de los medios masivos, advertimos la dificultad de abordar temas globales tan amplios y multidisciplinarios que exigen manejar mucha información, así como esfuerzos adicionales de análisis.
Necesitamos evitar reducir nuestro campo visual, cotejar diferentes puntos de vista y contrastar las informaciones sectoriales, que serán nuestras mejores garantías de aproximarnos a la verdad.
La comunicación ambiental es un acto participativo por excelencia, en el que en vez de centrar la atención en los acontecimientos deben privilegiarse los procesos; en lugar de poner el énfasis en los datos, se deben jerarquizar los contextos.
Pensemos un momento en la contaminación del río más próximo a nuestro hogar. Su condición se debe a una sucesión de hechos y transgresiones, en apariencia sencillas. Pero, por el contrario, subyace una considerable complejidad, determinada por la interacción de razones económicas, políticas, sociales y culturales. Esa situación, por lo tanto, debe analizarse como un proceso y no como un acontecimiento aislado.
Si nos ceñimos a unos pocos datos olvidando los contextos, nos alejaremos de la posibilidad de comprender la realidad del problema. Si así ocurre ¿qué probabilidades tendremos de hallar buenas soluciones?
El doble sentido del flujo de los mensajes que caracteriza a estos actos participativos promueve el intercambio y provoca una muy deseable influencia recíproca entre los emisores y receptores.
Pero no es fácil cambiar esos códigos, que nos llevan naturalmente a subdividir un ecosistema (territorio) inventando límites abstractos (fronteras), a clasificar a los seres vivos en grupos que solamente existen en la mente de los especialistas, o a creer que en la construcción de un nuevo puente alcanza con considerar los aspectos económicos de la obra.
¿Cómo enfrentar, además, el desbordante aumento de la oferta informativa? Porque recibir más información no significa estar mejor informado. La vorágine cognitiva impuso un nuevo desafío: comprender que la realidad a nuestro alrededor incluye de lleno lo social. Es un componente inseparable de cualquier percepción y análisis de lo que es y de lo que está sucediendo.
A nadie escapa que las condicionantes culturales impactan profundamente. La pertenencia a una comunidad, a un segmento de ella y la propia individualidad conforman nuestra idiosincrasia. Ello explica la dificultad de manejar los significados a la hora de trabajar en comunicación.

A la altura de las circunstancias

Es evidente la falta de profesionales con formación y experiencia para realizar comunicación ambiental en los medios masivos. Si bien hay excelentes periodistas, su número es insuficiente. Este déficit tiene un impacto negativo en la sociedad. ¿Cómo estar a la altura de las circunstancias?
Hablar de comunicación ambiental en el mundo del periodismo significa reconocer que la sociedad se muestra inmadura en su relación con el entorno, debido a que no hemos podido superar la fase de los suplementos, las cápsulas televisivas o las secciones especializadas en medio ambiente.
Significa que la sociedad privilegia aún los acontecimientos y no los procesos; el televidente, el lector y el radioescucha se deslumbran por los datos e ignoran los contextos. Señal de ello es que, en general, los problemas ambientales se siguen enfocando en sus aspectos técnicos y resultados políticos, y no en su resonancia social.

¿Qué puede hacer un comunicador?

El comunicador tiene la misión de transferir información, pero además, le guste o no, como influye en los demás, recae sobre sus hombros una misión pedagógica y una misión crítica: generar debate sobre los temas importantes presentando las diferentes opiniones al respecto, para promover la participación de la comunidad.
Mucho más que antes, el trabajo del comunicador le exige ser responsable, serio y profesional pues, a diferencia del pasado, ahora la gente se mantiene desinformada creyendo que está cada vez más informada.
Su trabajo es establecer el nexo entre lo que está sucediendo y los intereses genuinos de la gente. Esto es, tiene que dar suficientes puntos de vista para que el público pueda formar su propio criterio. Que quede bien claro: ¡eso es muy diferente a dar 'la respuesta'!
El periodista que hace bien su trabajo es, básicamente, un promotor de la información pertinente. El periodismo es un servicio a la gente y, por lo tanto, debe ser útil. Para amplios sectores de la sociedad es una de las pocas posibilidades de acceder a información de calidad.
El periodista ambiental no compite con el sistema educativo; en todo caso contribuye a su manera en la educación permanente del individuo.
Por la propia naturaleza de su trabajo y las restricciones que éste le impone, el comunicador debe extremar sus capacidades de síntesis y decodificación de mensajes, para recodificarlos en el lenguaje y escala de valores del hombre común de una región determinada. Si no respetamos las principales características del público, éste no comprenderá el mensaje que le llega, fracasando el intento de comunicación.

Periodista ambiental

¿Qué es, entonces, un periodista ambiental? Es un profesional de la comunicación, conocedor de todo lo relacionado con el ambiente, lo cual no significa que sea un especialista en cada una de las disciplinas científicas, sino, en todo caso, poseedor de una cultura general, con marcadas fortalezas en las llamadas ciencias ambientales.
Ante todo, es periodista, o sea un hombre formado, abierto a su tiempo, familiarizado con los problemas del mundo en que vive, dotado de curiosidad universal, y dominador de las técnicas de su oficio informativo. El reto es hacer accesible el conocimiento científico al gran público. Por eso decimos que es un mediador entre la ciencia y la sociedad.
El comunicador ambiental debe enseñar al individuo a razonar científicamente, preparándolo a participar en el planteamiento científico. Se trata de abrir la mente del público más que de volcar sobre ella conocimientos. Si logramos motivarlo vendrá detrás la adquisición de conocimientos en cantidad y calidad, y promoverá una intercambio valioso.
El trabajo del comunicador tiene que vincular la vida de la gente con los temas ambientales que trata. Así adquieren significado, cobran vida y tienden a involucrar al receptor.
¿Quién puede discutir que el profesional de la comunicación social está obligado a trabajar con el mayor rigor científico posible? Recordemos que si salió publicado en la prensa, es verdad para el público, por lo que hay que ser cauteloso en las evaluaciones de la noticia científica.
Con su trabajo, el periodista interviene en el proceso de humanización de la ciencia, sacándola de la artificialidad y el aislamiento del laboratorio; despierta la conciencia crítica en el individuo; hace que las personas comunes participen en el proceso de la ciencia y tecnología y debe insistir en la idea de que la ciencia es del hombre y para el hombre.
En su carácter de divulgador debe hallar la solución a cómo escribir un artículo erudito que sea al mismo tiempo una historia interesante para el profano. Esta preocupación no desaparece nunca de la mente de los buenos periodistas.
Como pocos profesionales, debe mantenerse actualizado. No puede dejar de leer, de adquirir conocimientos, de hablar con científicos, planificadores, sociólogos, integrantes de ONG, políticos... Todo ello significa trabajo, trabajo y más trabajo.
La pertenencia del comunicador ambiental a la comunidad para la cual trabaja le asegura estar familiarizado con las pautas culturales básicas que garantizan una buena comunicación, así como conocer sus necesidades.
No sorprende, entonces, que el mejor tratamiento de los temas ambientales sea realizado por los periodistas locales, a veces con menor formación profesional pero con insumos intangibles que los colocan en situaciones inmejorables para aplicar aquello de 'pensar globalmente y actual localmente'. En términos comunicacionales, sus mensajes estarán cargados de significado para los vecinos.
El otro insumo capital será el contacto directo y permanente que pueda mantener con la comunidad y con los sectores académicos, productivos y políticos para cumplir, de la mejor manera posible, su papel de mediador.

Problemas de la actividad periodística

Los obstáculos más frecuentes que enfrenta un comunicador ambiental son:
• Limitaciones temáticas o de enfoque, según la postura o política que impere en la empresa donde trabaja. No existe ningún tema ambiental sin repercusiones económicas en algún sector de la sociedad. A veces el condicionamiento lo establecen los anunciantes.
• La dinámica normal de los medios lleva a trabajar siempre contra reloj.
• Carencia de recursos. En México, las empresas de comunicación suelen vivir en permanente crisis económica y lo normal es trabajar sin los recursos necesarios para investigar, analizar y contextualizar informaciones.
• Uno de los más frecuentes obstáculos en la investigación periodística es el acceso a representantes del mundo académico y al sector oficial cuando se presenta en la comunidad un hecho ambiental importante. Resulta muy difícil obtener opiniones de los especialistas cuando son responsables de los principales centros universitarios, institutos de investigación científica y tecnológica, secretarios de gobierno o funcionarios estatales o municipales. Emitir opinión a los medios sobre cualquier tema que pueda generar polémica pública es visto como una amenaza, y casi siempre lo evitan.

Errores frecuentes

• No siempre busca y obtiene documentación exhaustiva sobre el hecho que interesa. Se conforma con la información provista por el sector interesado en el tema, o con fuentes institucionales muy accesibles, siempre dispuestas a brindar su visión del asunto.
• Se tratan problemas ambientales de gran magnitud o se abordan temas que ocurren en sitios muy lejanos, sin aparente conexión con nuestras vidas.
• Los periodistas ambientales tienden a dirigir su trabajo hacia los especialistas, olvidando que su misión es contribuir con la información y formación de la opinión pública.
• La pasividad de algunos profesionales suele conspirar con el bien de la comunidad.
• Recurre al sensacionalismo ambiental, apelando al temor, abusando de mensajes negativos, de enfoques catastróficos para estimular la sensibilidad del receptor, aprovechando los prejuicios del colectivo y relegando los argumentos científicos y la imparcialidad para lograr una fácil aceptación del público. Una consecuencia frecuente del sensacionalismo en los medios suele ser el abuso de la denuncia ambiental.
• La estrechez de muchos comunicadores conlleva a producir mensaje de poco efecto en el público. Además de consistente, el mensaje debe ser comprensible, entretenido y llamativo.
• El mensaje ambiental debe involucrar los intereses del receptor. Si se quiere que haya cambios de comportamiento, la gente debe captar que el problema planteado tiene efectos en términos de costo-beneficio sobre sus vidas.
Pocas veces el periodista ambiental se preocupa por evaluar el impacto logrado con su trabajo. Sin esta etapa de evaluación es difícil realizar una buena autocrítica que permita corregir errores y mejorar la metodología de trabajo.

¿Qué hacer con la objetividad?

Mucho se ha discutido este tópico en la tarea periodística. La objetividad es un ideal inalcanzable. Por eso en lugar de hablar de objetividad periodística resulta más conveniente hablar de honestidad intelectual del periodista, sin la cual no se concibe la realización de un buen trabajo.

Formación del periodista

Una y otra vez se reclama mejor formación para los periodistas, en especial para aquellos que se dedican a los temas de base científica como el ambiental. Cuando hablamos de formación nos referimos a la integral. En primer lugar deben ser, ante todo, periodistas, dominadores de las técnicas y habilidades propias de la profesión. Por lo tanto, la formación universitaria en comunicación es básica, aunque no excluyente.
En materia de capacitación hay mucho camino por recorrer, pues no basta una buena instrucción académica en comunicación; se necesita actualización permanente, foros de discusión e intercambio de experiencias, por cierto, tan escasos en nuestros países, a lo cual puede ayudar el fortalecimiento de las redes y asociaciones especializadas.

Algunas conclusiones

Para promover una toma de conciencia generalizada, del papel que cada persona y cada colectivo debe desempeñar en la construcción de la nueva sociedad, resulta importante el papel de los medios de comunicación.
El cambio pasa por democratizar la información y el conocimiento -en especial el científico-tecnológico- si pretendemos una sociedad pluralista, con ciudadanos maduros.
Cuando hablamos de democratizar la información ambiental consideramos todos los puntos de vista, no exclusivamente el académico. El periodista debe ser más crítico; mirar menos los títulos y escuchar más los argumentos.
El carácter de mediador social aumenta su responsabilidad de realizar el trabajo a conciencia. Pero ¿lo estamos logrando? Quienes hacemos comunicación ambiental debemos preguntarnos los por qués de tantos fracasos cosechados en todas partes. ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Por qué no estamos sintonizando con la gente?
Debemos tener en cuenta que las personas están más influenciadas por las emociones, los factores socioculturales, intereses, género, edad y estrato socioeconómico, que por la razón y la información.
¿Es posible informar lo que sucede respetando las pautas culturales del grupo, contextualizar los temas y, además, hacerlo en forma interesante y, por qué no, hasta divertida? Tenemos mucho que corregir, pero mientras el flujo tienda a ser unidireccional, poco contenido tendrá el concepto de comunicación ambiental.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, leí tu blog y me pareció muy interesante. Sobre todo cuando hablas de la raquítica situación del periodismo científico. Escribo para pedirte un favor, yo estudié ciencias de la comunicación y mi objetivo es estudiar una maestría o especialidad en periodismo científico... y NO EXISTE... no he encontrado ningún equivalente en las escuelas de México y estoy desesperado pues el tiempo pasa y no encuentro ninguna alternativa. Como no pones mail en tu blog espero que puedas leerme aquí y proporcionarme la información que sepas al respecto.

Mi nombre es Francisco Martínez Nieto y mi correo manfrax@hotmail.com
Soy también webmaster y editor de la página www.sajfierro.org de una sociedad astronómica a la que pertenezco, ojalá pudieras visitarla.

Te mando un saludo.

Anónimo dijo...

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David

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Frank

Miguel Ángel De Alba dijo...

Realmente no hay un lugar donde pueda estudiarse. Espero que pronto, a través de la Red Mexicana de Periodistas Ambientales podamos impartir cursos de capacitación. Mi correo es miguelangeldealba@journalist.com