9 de septiembre de 2006

Lo que vemos en los medios ¿es periodismo ?

Ponencia presentada en el IV Encuentro Nacional de Culturas del Agua. El poder no lo otorga dios alguno... tampoco la guerra ni la violencia. Lo otorgan los hombres y las mujeres, que eligen a quien quieren. ¿Y cómo saben lo que quieren?
Ahí entra en escena la información. Los hombres y las mujeres saben lo que saben, y no lo saben porque lo experimenten todo, porque lo presencien todo ni porque participen en todo, intervengan o se les consulte en todo. No. Lo saben por lo poco que ven y por lo que muchos otros les cuentan. Es decir, por la información que manejan.
Y esos que cuentan ¿quiénes son? Pues los informadores, los periodistas, los medios y sus fuentes. No debemos olvidar que los informadores tampoco están presentes en todo, entienden de todo, son testigos de todo ni participan en todo.
¿Por qué saben las cosas que cuentan, entonces? Porque se informan primero y preguntan mucho… O al menos eso es lo que se espera de ellos.
De ellos se espera:
- Que cuenten lo que ven o lo que les dice quien lo vio o lo sabe. Y que lo hagan con respeto hacia los intérpretes de los hechos, hacia los lectores, hacia su medio y hacia su profesión. Hacia el periodismo, en suma.
- Que si no lo entienden, lo analicen, lo estudien, lo contrasten, lo fundamenten, lo consulten. Se aclaren antes de transmitirlo.
- Que procuren consultar con quien está capacitado, reconocido y autorizado por sus conocimientos y su demostrada fiabilidad (especialistas, estudiosos, expertos, institutos, bases de datos, etc.).
- Que cuando cuenten lo que les cuentan digan expresamente quién se lo ha contado. No vale la fuente anónima sin más.
- Que si no pueden decir quién se lo ha contado, digan por qué no lo pueden decir.
- Que cuando sólo cuenten lo que les ha contado una fuente, lo adviertan, adviertan que están ofreciendo una versión, no una verdad fruto del cruce de varias versiones.
- Y que cuando quien les informa a ellos tiene intereses en lo contado, los expresen, detallen esos intereses.
Eso es lo que se espera de ellos y lo que se da por supuesto en un sistema informativo normal, transparente, no fraudulento, sano, no contaminado.
Si así ocurriera, estaríamos ante un panorama informativo totalmente correcto y deseable, pero resulta que el 80 por ciento del contenido informativo de los medios procede de comunicaciones oficiales de instituciones que ejercen como fuentes organizadas, con sus correspondientes oficinas de comunicación, sus notas de prensa, sus ruedas de prensa, sus informes debidamente preparados, sus portavoces adiestrados y sus actividades de relaciones públicas. Por eso a veces vemos encabezados similares, si no es que iguales, en diferentes medios.
Esto se le ha dado a conocer como “la dictadura del correo electrónico” y valdría preguntar ¿quién escribe realmente el periódico o los noticieros de tevé o de radio: el redactor del medio o la fuente informativa que le envió la nota?
Si se publican datos conocidos e iguales a los de otros –literalmente iguales– no se está publicando novedad, actualidad ni información propia, controlada por quien publica. Esto quiere decir:
- Al periodista no le gusta redactar y prefiere copiar la nota que le llega.
- El periodista quisiera redactar y además sabe hacerlo, pero no tiene tiempo ni medios para "trabajar" la pista que le ha dado la nota de prensa y, sin embargo, tiene que llenar el espacio que le han asignado.
- El periodista ha intentando trabajar la pista que le ha dado la nota de prensa, pero su jefe le ha dicho que no pierda el tiempo.
En mucha prensa actual, entregada al periodismo de rutina que origina un exceso de periodismo de fuente, se reduce la labor de buscar noticias y reportajes. Si no hay periodismo de búsqueda de noticias ¿qué podemos decir del periodismo de investigación, el que trata de indagar y hacer público hechos que están escondidos?
Nuestro periodismo no ve, no es un periodismo que vigile por nosotros el entorno que nos rodea para avisar a tiempo que hay fuego informativo. El ojo del periodismo que comemos no está avizor, dormita.
Existen unos criterios de funcionamiento inmediato que intervienen en la elaboración de una información:
- actualidad-novedad
- proximidad de su repercusión en el entorno inmediato
- relieve o importancia de la persona, institución o lugar
- interés mayoritario-cantidad de afectados
- trascendencia o continuidad
- originalidad, primicia, investigación propia y las exclusivas
- conflicto
- extraordinario y lo llamativo (audiencia, línea de la emisora, privada o pública)
- disponibilidad/accesibilidad
- interés humano, curiosidad, emotividad
- morbosidad
- presiones externas
- peculiaridades del medio
Y esto, hablando de medio ambiente o de agua, es más aplicable que nunca.
Los redactores que no redactan dejan de ser redactores y un periódico sin redacción es como un automóvil sin ruedas; no funciona. Los redactores no redactan porque redactar no es copiar notas ajenas: esos redactores se transforman en copistas, personal más barato para el empresario que sueña con aumentar beneficios sin percatarse de que el periodismo, la prensa, los medios informativos, a pesar de ser empresas con un fin comercial, son también un servicio público.
Esa prensa necesita rehabilitación. Rehabilitar es volver a hacer periodismo sin apellido; es buscar informaciones allá donde estén y no tener a los redactores amarrados a sus mesas, a sus teléfonos y al correo electrónico para ver qué cae, cómo hacemos el diario con lo que nos viene de fuera.
Por lo general, la fuente es un emisor informativo que yo, periodista, busco para extraer información que la fuente conoce mejor que yo. Cuando sucede al revés y es la fuente quien me busca, quien tiene interés en que mi diario reproduzca lo que a ella le interesa, estaremos ante un periodismo de vertido.
Y como todo vertido, siempre es dañino para quien sufre sus consecuencias, sea químico, sea materia orgánica de una cloaca rota, sea informativo... Cuando la fuente se vierte, lo anega todo, salen charcos.
Hay una información oculta y una información flotante, una información no sale a la luz porque no tiene interés, o porque los que la tienen no quieren que se difunda. Sólo conocemos la pequeña parte que logramos hacer emerger, la punta del iceberg. Pero si los periódicos se plagan ahora de informaciones dadas por quienes la tienen, resulta que seguimos sin saber nada de la información oculta y, además, tenemos a los redactores ocupadísimos reescribiendo y copiando la información ya desvelada por otros.
Se precisa un sistema de información que permita:
- La posibilidad de contrastar puntos de vista diferentes.
- El acceso a información de calidad.
- La publicidad de los acontecimientos frente a toda forma de secretismo.
- La participación lo más completa posible en los procedimientos de decisión colectivos.
Cuando hablamos de una información de calidad nos referiremos siempre a una información que responda a esos preceptos.
Descubrir la verdad cuesta más caro que publicar cualquier cosa. Hacer un periódico desde la redacción, con lo que llega de agencias y de gabinetes de prensa y comunicación y fotos ilustrativas más o menos ajustadas al tema, resulta barato. Investigar, rastrear pistas sacadas de entrevistas, de notas de prensa, de comentarios, de documentos oficiales, de fuentes primarias, de bases de datos, de informes de especialistas, etc. lleva tiempo, requiere periodistas cualificados, produce menos cantidad de texto publicable y puede dar problemas si se desvelan asuntos escabrosos para personas que tengan poder (gobernantes, empresarios que invierten en publicidad…).
El periodismo ha de venderse. Y si resulta muy caro, perderá clientela. Los empresarios de la información son empresarios, no hermanitas de la caridad ni fundaciones filantrópicas.
Las palabras ‘información’ y ‘periodística’ pueden producir comunicación entre un periodista y un lector si ambos atribuyen a esos términos los mismos atributos: veracidad, actualidad, interés, documentación, pluralismo y contraste.
Y aquí la fuente puede, debe transformarse en facilitadora, propiciando acercamientos con técnicos, con investigadores, con académicos, y abriendo las puertas de sus instalaciones para contestar todas las preguntas que surjan.
La sociedad está necesitada de estos temerarios que se arriesguen a dejar el placer de estar sentados ocho horas detrás de un escritorio y salir a trabajar al campo, a hablar con la gente, a escuchar lo que le preocupa...
Ya es hora de que los medios hablen de otra cosa que de aumento de tarifas y que sus páginas del lector se llenen de quejas por el mal servicio de los operadores del agua.

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